28/4/11

Travesías y Manzanares

Estuvimos caminando por las dos veredas con más necesidades básicas insatisfechas en nuestro municipio: Travesías y Manzanares, al extremo sur de San Pablo. Hacía unos 11 ó 12 años no iba por allá y seguimos encontrando cosas “macondianas”: Orán, un hombre que vive en una casa que tiene la capillita más hermosa del mundo y lejos de todo, hasta de la paz, porque este hombre especial nunca da la mano en señal de paz porque dice que “es mejor que maten a todo mundo porque todo está muy caro”; un fogón eficiente que no ha quemado su primer leño porque fue construido en media manga; visitamos la “Hacienda Nápoles”, menos de media cuadra de tierra y Fabio, viejo amigo, tiene de todo allí (Curíes, chivos, gallinas, estadero con antigüedades…); vimos acueductos de guadua que esperan a que los dueños carguen su líquido para una letrina sedienta de posaderas; vimos el rastro de quebradas que se enojan porque le han cortado los árboles de sus riveras; muchas construcciones que apenas son casas cansadas que quieren suelo y no están soportando la gravedad de su abandono; un San Pablo, como siempre, acogedor para un sueño que nos brindó descanso para ir a Manzanares, una vereda que no conoce un manzano, pero sí ha conocido siempre “la enfermedad del agua mala”, la hepatitis. Allí volví a ver a un amigo concejal que no veía desde que yo fui concejal a los 18, Don Evelio Ossa, con sus ojos azul profundo arriando dos yeguas camino a San Pablo; una carretera que ya no conoce los carros  y que se intenta reabrir con obras de infraestructura y, en su escuela, un tablero de madera con el mapa de Támesis, entregado en 2000, cuando fui Secretario de Educación. Caminar a Támesis es un sueño bello que tus pies deberían disfrutar.


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